No es un ejercicio fácil detenerse a escucharnos a nosotros mismos. Manifestamos constantemente desconocimiento de mucho que nos ocurre alrededor, tan solo porque en la mayor parte de nuestro tiempo, los ruidos de la mente perturban la percepción de lo que nos rodea.
Es interesante como podemos apreciar lo simple con tan solo aprender a convivir con los silencios, con una mirada profunda y lenta, más allá de aquella que termina siendo un escaneo.
El temor de los silencios y de que muchos constantemente estemos, escribiendo, hablando, enviando textos, oyendo música, leyendo en Internet o estimulando de la manera que se nuestros sentidos en continuo recibir de información, es un temor de encontrarnos con nosotros mismos.
Pero es espacio en el que nos miramos, nos hayamos, permite que podamos percibir quien somos, reconciliarnos con aquello que no nos gusta, intentar oír lo que el cuerpo nos dice, lo que el silencio reporta. Puede apreciarse como en muchas ocasiones nuestros pies marchan a ritmo distinto que nuestra cabeza, estando un paso adelante o corriendo detrás de ella intentando alcanzarla.
Hoy, momentos simples, personas comunes, pero palabras únicas me devolvieron esa realidad, cuando alguien desconocido se atreve a decirte " todo va a estar bien, pero es importante darte tiempo de escucharte " tan solo con mirarte, puesto que esa energía que se desgasta en tratar de paralelizar nuestros pies con la cabeza, nuestros pasos a ritmo de nuestra mente o visceversa, produce un flujo de energía que se proyecta al exterior.
El aprendizaje es único. Personal. Pero solamente concluye en que es responsable solo uno mismo de intentar esa sincronía, evitando desgastarnos en el intento, y luchar contra el encuentro con nosotros.
Abrirse a la aceptación de si mismo, por mucho que cueste, es el único camino a poder irradiar una energía que atraiga y no una que aleje lo que deseamos.
Cosas que veo por ahi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario